Experiencia cliente (UX) o como diseñar emoción y recuerdo. Escenarios como museos o retail comparten retos. Captar atención y convertirla en algo relevante entre tanto “ruido”. En el primero, desde el aprendizaje, la emoción y el recuerdo cultura. El segundo, desde la confianza y la decisión. En ambos mundos, el visitante interpreta. Y lo hace, dentro del espacio en el que se sitúa. Con la información que le aportan lo sentido.

La visita, el sonido, el tacto o el olor modulan como se procesa. Multisensorialidad que guía, reduce fricciones y refuerza la narrativa. De manera coherente y metódica. Y es que cuando se mide, la experiencia deja de ser un debate de gustos. Evolucionando hacia un sistema de mejora continua. De tal manera que se evita escalar a ciegas; se mide correctamente (la permanencia puede ser interés o confusión); se destacan los estímulos dominantes por capas, y se ajusta la coherencia con la intensidad. UX o cómo diseñar emoción y recuerdo. 

EMOCIÓN

Esta labor se denomina Sensory marketing: uso de estímulos sensoriales para influir en percepción, juicio y conducta. Es conocido que el tempo de la música puede modular el movimiento de la tienda. En museos, olor, sonido o tacto facilitan la emoción y la memoria. Como en otros campos, el error sería diseñar por modas. Vestir determinadas zonas bajo el paraguas de la cosmética. Sin resolver problema alguno.

Todo lo contrario que la metodología científica, que cumple hitos: entrada-exploración-momentos clave y cierre/recuerdo. Es por eso, que esa multisensorialidad antes descrita no es sinónimo de “más”, sino “más alineado”. Si todo compite por atención, el resultado suele ser fatiga. Un estímulo dominante por fase, con apoyos discretos, mejora fluidez cognitiva. Y hace que el espacio ‘se entienda’ con menos esfuerzo. Además, la congruencia no es solo estética: también es semántica.

Sonidos, olores y texturas deben tener sentido para la categoría (retail) o para el relato (museo). Si no, el estímulo se interpreta como artificio. De esta manera, en el primero, el entorno actuaría como arquitectura de elección. La luz dirigiría la mirada y el tacto reduciría la incertidumbre.

RECUERDO

En cuanto a las experiencias curatoriales, olores contextualizados o contacto con réplicas pueden reforzar la accesibilidad. Eso sí, bajo parámetros justificados. Pues ese estímulo debe aportar a la comprensión. Y no saturar ni interferir con la conservación de la obra. Aplicaciones típicas: ‘zonas de inmersión’ para situar época/lugar; estaciones táctiles que expliquen técnica o material; y diseño lumínico que dirija la atención sin deslumbrar. En museos, suele funcionar bien la lógica de “activación puntual”: estímulos concentrados en momentos clave, en lugar de un fondo constante.

Es importante trabajar en las características propias de cada agente que interviene en el marketing sensorial. Conocer que una buena señalética orienta sin ruido y jerarquiza la experiencia; el sonido, según tempo y volumen propicia la exploración o la decisión rápida, además de evitar picos en zonas de permanencia. Por su parte, el empleo (moderado) de fragancias mejora el recuerdo; el tacto (si es posible) aumenta la confianza del consumidor; el ritmo espacial (activación vs. pausa) potencia el flujo y la luz, en cuanto a confort, requiere control de deslumbramientos y zonas criticas (retail, probadores y puntos de decisión, museos, la luz no debe competir con la obra).

Todo ello tiene su proyección en la mediación, inclusión y recuerdo, en términos de cultura. Mientras que la fricción y la confianza serán los aspectos más relevantes en comercio. Sin embargo, en ambos espacios, el método concierte cada activación en aprendizaje. Y reduce la dependencia de la intuición en las decisiones de inversión. 

En este sentido, la ventaja competitiva giraría entorno a la construcción de un lenguaje sensorial coherente, medible y replicable. A través de una aproximación metodológica (pilotos para medir estímulos y comparar, documentación de resultados y plantear los escenarios de replicabilidad). Así, es posible calcular ROI y reducir fricciones.

Conclusión

La UX basada en emoción y atención aporta valor cuando refuerzan una historia. Cuando, de manera coherente, va más allá de la suma de estímulos. Y se que en museos, los sentidos pueden mejorar mediación, accesibilidad y recuerdo, Mientras que en retail, pueden reducir fricción y aumentar confianza durante la exploración. Pero el efecto depende del contexto y del público. 

Desde Marketing Science, la multisensorialidad se aborda como un sistema: se identifican momentos de la verdad, se define una hipótesis por zona (qué estímulo ayuda a qué comportamiento). También, se mide en el momento y se valida con piloto y control. Este enfoque separa impacto real de efecto novedad y obliga a triangulación (conducta + percepción).

De tal manera, que se evita interpretar la permanencia como éxito sin más. En resumen, la ruta a seguir sería: diseñar, medir y documentar. Sabiendo que, con cada interacción, se construye un benchmark propio. Lo que convierte el espacio objeto de análisis (cultural o comercial) en activo optimizable. Con evidencia, accesible y sostenible. UX: diseñar emoción y recuerdo.

 

 

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